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domingo, 2 de agosto de 2015

PROBANDO, PROBANDO, PROBANDO

PROBANDO. PROBANDO. PROBANDO.

PORQUÉ ROBERTO ORTIZ






Por ser leal a su clase; por no utilizar una falsa humildad como mampara para encubrir su codicia por el poder; por no dar muestras impúdicas de arribismo; por ser lo más auténtico que la condición humana y la influencia de una sociedad degradada y consumista permite; porque se atrevió a hacer política en un país donde achacarles a los políticos todo lo malo, habido y por haber, es deporte nacional; por estas, y muchas otras buena cosas que aquilatan su invaluable capital humano, le apuesto a que sea Roberto Ortiz Urueña el que asuma, como Alcalde 2016-2019, el timón de una Cali cada día más grande y rica, pero desigual; menos incluyente, apática; más violenta y acosada por cuanta actividad delictiva existe. A no dudar que Roberto será el alcalde de todos, pero de verdad, no refiriéndonos al manido cuento de cajón propalado por demagogos y populistas de los que hartos estamos. Roberto conoció la pobreza, la del metal, la del dinero, pero no la de espíritu; de esta siempre fue rico; no es sino oír su historia de vida cargada de precariedades pero también colmada, gracias a su gran corazón, esfuerzo y su portentoso deseo de salir adelante, de éxitos en sus retos sociales, personales y empresariales; logros que harían palidecer al menos a un montón de señoritos de cuello perfumado nacidos en cunas de oro y egresados de las más prestigiosas universidades y escuelas de negocios, y a uno que otro de los llamados "filántropos", que haciéndose creer llenos de bondad, sólo a bien tienen reducir impuestos. Roberto Ortiz es un gran tipo, dice su parroquia. Que irradia su don de gentes, y que el rédito social de sus empresas es tangible, no es perorata barata y lisonjera para calar en el pueblo, es una verdad tozuda e incontrastable. Y no es un zarrapastroso porque viva en estrato cuatro, y hasta hace muy poco en el barrio Sindical; es humilde, aunque teniendo cómo, viaje en clase turista.
Henry Cabezas Díaz

miércoles, 1 de julio de 2015

SOLO SON MEMES

En mi Tumaco añorado, mis hermanos de tierra, se están dando portazos porque algunos hemos puesto en nuestros muros, incluso compartido, fotos que no son producto exactamente de la tragedia ambiental que nos azota, con mensajes, que tal cual nuestros pareceres, son de protesta, de lamento, de evocación, de ya no más, etc.; a mis hermanos, con profundo respeto por sus conocimientos de los intringulis de las redes sociales e internet, tengo por decirles que hay una figura de común uso, para transmitir cualquiera de las circunstancias que arriba mencioné, que se llama meme; que obviamente no tiene nada que ver, y que sería cosa diferente, con que alguien asegure, expresamente, que alguna imagen pertenece a la debacle ambiental actual que involucra a Tumaco, sin que eso sea cierto, eso sí sería una mentira, querer engañar. Un meme es un mensaje que involucra una idea a transmitir, espontáneo, la más de las veces, o muy elaborado, que trasiega veloz o no por las redes sociales, tal cual su genialidad, o quien creyera, su idiotez, ha pasado que uno de estos se vuelve viral, famoso, digamos, que sin problema alguno puede involucrar un texto válido, ya sea altruista o mera mofa, y contener también una imagen que ilustra, que no necesariamente tiene que ser fiel a la tragedia, comedia, tragicomedia, drama, babosada, etc., que su creador pretende hacer conocer. Porqué los utilizo yo, por su gran capacidad de transmisión viral; en ellos pongo a galopar mi mensaje, que en este evento es la gran tragedia tumaqueña, el holocausto ambiental que traduce el crudo de aceite de petroleo que las farc hicieron adrede que anegara nuestros ríos, colmatara nuestras quebradas y contaminara nuestro gran porción de Oceano Pacífico; de seguro que habrá por ahí algún tasquero, algún chogozo, alguna tijereta, o algún perrito playero despistado, embadurnados de petroleo hasta el cogote, qué importa que el de la foto no sea ninguno de esos, lo importante es el mensaje de SOS real que junto a ella enviemos.

Henry Cabezas Díaz